jueves, 22 de noviembre de 2012

MUSEO NACIONAL DE LAS CULTURAS

Diversidad geográfica y cultural
La zona conocida como Oriente Medio abarca el suroeste asiático y el noreste de África y se caracteriza por su diversidad geográfica y cultural. Sus múltiples ecosistemas –ríos caudalosos y tierras de aluvión, montañas y planicies, costas y desiertos- permitieron el surgimiento de culturas independientes con distintas lenguas, sistemas de escritura, formas de gobierno y religiones. A pesar de los obstáculos geográficos –desiertos, mares y montañas estos pueblos mantuvieron un contacto constante que permitió el intercambio de avances tecnológicos y sociales.
Hace 12 000 años, después de milenios de subsistir de la caza y la recolección, los pueblos de Oriente Medio comenzaron a obtener alimentos del cultivo de plantas y la domesticación de animales. Esto significó importantes cambios en la forma de vida de aquellos grupos nómadas que se asentaron en poblados. Las necesidades de la vida sedentaria impulsaron el descubrimiento de nuevas tecnologías y materiales: sistemas de riego, la construcción con ladrillos de arcilla, el uso de la cerámica, el trabajo de metal y vidrio y la confección de vestidos con lana. Asimismo, el crecimiento de las poblaciones fomentó el surgimiento de nuevas formas de organización social y la aparición de las ciudades, las clases dirigentes y la escritura. Así se establecieron elementos culturales que, aun hoy, perviven.

Un mar de culturas
Durante miles de años la humanidad subsistió de la caza y de la recolección. Sin embargo, en distintas épocas y regiones como en el sur de Europa, el norte de África, la península de Anatolia y el área de Siria-Palestina se implementó la agricultura. Esto permitió el surgimiento de las llamadas “primeras civilizaciones” que se desarrollaron de manera independiente aunque interactuaron entre sí. Cada una de las culturas, que se encuentran en las tierras que circundan al mar Mediterráneo, son producto de contextos particulares; pero comparten características en común: grandes construcciones para honrar a sus dioses y antepasados, elaborados conceptos y prácticas religiosas, el uso de calendarios para ordenar el tiempo, o la invención de
sistemas de escritura para registrar los acontecimientos políticos y religiosos.
En la primera parte de este recorrido por la antigüedad, se agrupan obras que en su mayoría pertenecen a las culturas griega y romana; mismas que se nutrieron de desarrollos más antiguos como los de Persia, Mesopotamia y Egipto, que aparecerán en salas posteriores. Esperamos que esta muestra, te invite a conocer los aspectos más representativos de estos pueblos, cuyas obras y conceptos están presentes hasta
nuestros días y que constituyen uno de los pilares de nuestra cultura.

Las antiguas culturas mediterráneas

Ya sea por exploración, comercio o guerra, el Mediterráneo fue surcado, desde la más remota antigüedad, por navíos minoicos, fenicios y ocasionalmente egipcios. Entre los años 1700 y 1350 a.C. la cultura minoica, establecida en la isla de Creta, alcanzó su máximo esplendor mientras que la cultura micénica se desarrolló en el Peloponeso; ambos pueblos fueron los precursores de la posterior cultura helénica. Por su parte, los fenicios comerciaron activamente a lo largo de la costa oriental del Mediterráneo a partir del año 1200 a.C.
Después de un periodo de convulsión política y económica; provocado por migraciones, invasiones y la interrupción de las rutas comerciales que abarcó a todo el Mediterráneo y parte del medio oriente, los griegos y los fenicios se convirtieron en potencias marítimas. Entre los años 800 y 600 a.C. los griegos se establecieron en el Mar Egeo, en torno al Mar Negro, en el sur de la península Itálica y en la isla de Sicilia.
Por su parte, los fenicios se asentaron en la costa noroccidental de África y en la península Ibérica entrando en contacto con los pueblos iberos y con la cultura etrusca.
Posteriormente los romanos a través de las conquistas militares extendieron la cultura latina, que incorporó elementos y tradiciones de los pueblos antes mencionados, por todo el Mediterráneo. Su dominio fue total hasta el año 395 d.C. cuando el Imperio Romano es dividido en dos entidades independientes.


El Mediterráneo
El nombre “Mediterráneo” tiene su origen en el término latino mediterraneus que a su vez es una contracción de: mare medi terraneum que literalmente significa “el mar en el medio de las tierras”. Sin embargo, a lo largo de su historia muchos han sido sus nombres: los antiguos egipcios lo conocían como wadj wr que significa “gran verde”, mientras que los griegos lo llamaban mesogeios “mar de en medio”. Por su parte, los
romanos, además de mediterraneus, lo llamaron: mare internum “mar interno” y mare nostrum “nuestro mar”.
El Mediterráneo es el mar interior más grande del mundo. Cuenta con una extensión aproximada de 2,5 millones de Km2. Sus aguas bañan el norte de África, el sur de Europa y una parte de Asia occidental. Se comunica con el océano Atlántico a través del estrecho de Gibraltar y con el mar Negro, pasando por el mar de Mármara, atravesando los estrechos de Dardanelos y de Bósforo. También se contacta con el Mar Rojo a través del canal de Suez, vía fluvial artificial construida a mediados delsiglo XIX.


Egipto
La vida en las “dos tierras”
Hacia el tercer milenio a. C., en el noreste de África nació una de las más grandes culturas de la antigüedad: el Egipto faraónico. Los egipcios se hacían llamar los habitantes de kemet la “tierra negra”. Kemet era el nombre que recibía el territorio que flanqueaba el río Nilo, desde la primera catarata hasta el delta que desembocaba en el mar Mediterráneo, fertilizado por el limo oscuro que el río depositaba cada año cuando
se desbordaba. Para esta cultura agrícola y ganadera, las crecidas anuales del Nilo significaron el éxito de las cosechas. Su estrecha relación con la naturaleza y la profunda observación de sus ciclos –día y noche, inundación y sequía, vida y muertepermitieron la creación de un calendario de 365 días, una cosmovisión rica en mitos y dioses y la concepción de la muerte como el final de una vida efímera y el comienzo
de una vida eterna “en otra tierra”. El Egipto faraónico se desarrolló a lo largo de más tres mil años como un Estado teocrático. En el 30 a. C., tras la muerte de la reina Cleopatra VII, se convirtió en una provincia del imperio romano, comenzando un nuevo periodo de su historia. Estos sucesos, lejos de destruir el gran legado egipcio, le permitieron rebasar sus fronteras geográficas y temporales.


Levante
Levante es el término que designa a la costa mediterránea de Asia. Los historiadores y arqueólogos lo utilizan para referirse a un grupo de pueblos de la antigüedad, culturalmente diferenciados de Mesopotamia y Egipto, que se asentaron en los actuales territorios de Siria, Líbano, Palestina, Israel, Jordania y Chipre.
La agricultura y la domesticación de animales iniciaron en la región alrededor del 7000 a. C. Se fundaron numerosos poblados, como Biblos y Jericó que se cuentan entre los más antiguos. En 6000 a. C. una crisis climática provocó el abandono de estos primeros asentamientos e impulsó la formación de grupos de pastores nómadas. El Levante ha sido una zona comercial desde épocas muy tempranas. A través de diversas rutas unió a Egipto y Mesopotamia, potencias que se disputaron el control de este territorio durante siglos. Hacia el 3000 a. C. la región se dividió en reinos que en distintos momentos fueron vasallos de Egipto.
En este mundo cosmopolita se desarrolló el pueblo hebreo que, procedente de Egipto, conquistó el territorio de Canaán hacia el 1300 a. C. Poco tiempo después los nómadas arameos invadieron el Levante y expulsaron a los pobladores autóctonos hacia la costa; éstos conformaron el pueblo fenicio que se convertiría en una potencia marítima con presencia en toda la costa mediterránea.
Los pueblos del Levante fueron incorporados al imperio persa tras la conquista de Babilionia en 539 a. C. Posteriormente, en el siglo I a. C., formarían parte del imperio romano.


Mesopotamia
Mesopotamia es el nombre que designa la región entre los ríos Tigris y Éufrates, que nacen al pie de las montañas de Turquía para desembocar en el Golfo Pérsico. Hallazgos recientes demuestran que la agricultura, la domesticación de animales y el asentamiento de grupos humanos se desarrollaron en el Levante, el sur de Turquía y al pie de los Montes Zagros a partir del 9000 a. C. Al parecer, el aumento de población
en estas zonas obligó a los grupos a desplazarse hacia Mesopotamia, donde la crecida de los ríos era violenta e irregular.
A partir del 5500 a. C., se desarrolló una agricultura organizada e intensiva gracias a la construcción de canales de riego. La importancia de algunos lugares de culto y el comercio a larga distancia provocaron que, en Mesopotamia, se desarrollaran ciudades y grandes imperios que marcarían el rumbo de la vida cultural y política del Oriente Medio durante cuatro mil años. Mesopotamia ha sido llamada “la cuna de la civilización” porque ahí se conformaron las pautas de la vida urbana y una serie de valores religiosos, políticos y sociales presentes hasta el día de hoy.


El imperio persa
Los persas se establecieron al este de Mesopotamia y los Montes Zagros, en el territorio del actual Irán, desde el primer milenio a. C. Cuando el rey persa Ciro II derrocó al rey de los medos, Astiages, en 550 a. C., se emprendió la formación del imperio más poderoso del antiguo Oriente Medio. En poco más de una década, Ciro dominó Media, Lidia, Asiria y Babilonia. Sus sucesores se encargaron de expandir el imperio persa desde el río Indo hasta el mar Egeo. Ciro conservó la organización de los pueblos conquistados, su religión y sus costumbres. Esta política impulsó las relaciones culturales entre ellos, en especial con los griegos. Éstos ocuparon cargos importantes en la administración persa y, además, participaron en la construcción de Persépolis y en la decoración de los palacios de Susa. Por su parte, algunos persas se asentaron en Atenas donde entraron en contacto con la filosofía griega. Macedonia, al norte de Grecia, también fue parte del imperio persa. Ahí nació Alejandro Magno quien derrocó al soberano persa en 330 a. C. y anexó sus posesiones a un nuevo imperio. La política de Alejandro mantuvo el intercambio cultural que los persas iniciaron en la región. Los conocimientos de las antiguas ciudades de Mesopotamia, el Levante y Egipto fueron asimilados por los griegos e incorporados en la llamada cultura occidental.

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